Actualizado: 23 enero, 2026
¡Hola, Des! ¿Cómo estás? Aún recuerdo las excursiones que realizaba con el colegio, eran días especiales y llenos de emociones que nos sacaban de la rutina de las aulas. Y uno de esos destinos que descubrí siendo niño fue el Barranco del Infierno, en el municipio de Adeje. Muchos años después he querido regresar a ese sitio en el Sur de Tenerife para una jornada de senderismo y desconexión.
Antes que nada, hay que reseñar que esta ruta ya no es abierta y gratuita como en mi infancia, sino que en su momento se tuvo que cerrar el camino por motivos de seguridad e implementar varias medidas al respecto.
El primer paso es reservar tu plaza en su página oficial -en distintos tramos horarios desde las 8:00- y el coste depende de la edad y de si tienes empadronamiento en Adeje, Residencia en Canarias o no. En mi caso, como residente en el Archipiélago, encontré hueco a las 9:00 horas por 4,50 euros. Siempre se recomienda estar unos minutos antes de la salida y además ten en cuenta que debes hallar aparcamiento, y en el entorno del acceso al Barranco del Infierno es limitado (Calle de los Molinos, 46).
Una vez en la entrada, hay una garita de control donde recibirás un casco, que debes llevar puesto en todo momento, y la correspondiente información, que se verá reforzada por paneles durante todo el recorrido. Estamos hablando de un Espacio Natural Protegido que junto a otros barrancos y roques de la zona constituyen la Reserva Natural Especial del Barranco del Infierno. Por cierto, no te asustes por el nombre, que lo más ‘infernal’ que vas a encontrar en todo caso es el calor… Y un consejo, si puedes vete en primavera, porque la floración le da un plus al sendero.
¿Empezamos, no? Aparte del casco obligatorio que comentaba, es importante llevar ropa y calzado de senderismo, protección solar y agua, para un total de 6,5 kilómetros entre ida y vuelta. El Barranco del Infierno no entraña gran dificultad y está bien marcado, pero sí tiene suelo irregular y desnivel oscilante.
La meteorología es la adecuada para disfrutar de una buena mañana y comienzo a disfrutar de la biodiversidad del enclave (cardones, tabaibas…), y su interés va más allá de la flora y la fauna.
Por ejemplo, desde la parada del ‘Mirador de Adeje’ se aprecian canalizaciones de agua, tan relevantes en un paisaje así de abrupto; y haciendo honor a su denominación, se tiene una perspectiva del municipio que alberga este espacio.

El siguiente punto para detenerse tiene el sugerente cartel del ‘Bailadero de brujas’. Un panel detalla que los aborígenes de Tenerife, los guanches, se encontraban aquí para «bailes, reuniones de recreo y festividades». También se concentraba el ganado en este «sitio sagrado» para pedir a las divinidades agua y pastos para alimentarlo.
Se empina un poco el trayecto para llegar a ‘La curva’ (a casi 1 kilómetro de la salida), en donde se destacan los mencionados canales de agua, construidos hace más de 400 años, y en concreto se resalta que en el Barranco del Infierno hay un curso permanente. Poco después nos espera ‘El gran mirador’ y uno de sus inquilinos, el lagarto tizón.
Y el cielo suele tener como protagonistas al halcón tagarote, el cuervo canario y el cernícalo vulgar. Información especificada en la pausa que se puede realizar en ‘La acequia larga’.

Una vez pasamos el ‘Mirador de la Cueva del Marqués’, en el ecuador del trecho de ida, empezamos a descender hacia ‘El cauce’, con una vegetación más tupida (como te indicaba al principio, la primavera tiene su efecto extra).
A continuación, ‘La cogedera’ nos conduce de forma paralela a un pequeño riachuelo, que incluye dos endemismos locales: la Chahorra y el Tajinaste de Adeje.
El sonido de las ranas se hace notar, como si fuera un aviso de que ya está más cerca la meta, que en el caso del Barranco del Infierno es ‘La cascada’ (previamente, contamos con un penúltimo punto informativo en ‘El antiguo castaño’).

Se trata de una caída de agua que puede alcanzar más de 200 metros de altura y en donde, por razones de seguridad, no se puede hacer un ‘stop’ para comer. Ah, importante por si tienes cualquier urgencia o consulta, en esa recta final hacia la cascada hay otro sitio de control.
¿Qué te parece el Barranco del Infierno? ¿Lo conocías? En apenas hora y cuarto he recorrido estos 3,25 kilómetros, estoy refrescando todos mis recuerdos infantiles, y aún queda deleitarse con la vuelta. ¡Nos vemos pronto, Des!












