72 horas en San Francisco: una ciudad de película

Actualizado: 19 diciembre, 2023

Hello, Des! How are you? Está más que justificado que hoy te salude en inglés, porque lo hago desde una de las ciudades más fascinantes de Estados Unidos: te cuento mis 72 horas en San Francisco. Sí, me he venido hasta la costa californiana, como paso previo a mi viaje a Hawái, y he pasado tres días recorriendo esos lugares icónicos que hemos visto tantas veces en películas o series. Aunque no todas las realidades son tan agradables.

Por situarte, me alojo en el Elite Inn, un modesto hotel en el 116 de Turk Street (zona de Tenderloin), razonable de precio y bien situado-conectado para moverse (Union Square está a menos de 1 kilómetro, por ejemplo)

Impacta su entorno con muchas personas viviendo en la calle y, tanto en este barrio como en otros, también me llamó la atención los evidentes problemas de salud mental que sufre parte de esta comunidad sin hogar (luego leería sobre los estragos que está haciendo el consumo de fentanilo en San Francisco).

Día 1: el sueño de cruzar el Golden Gate

Para disfrutar de todos los detalles, he hecho prácticamente todo a pie, así que átate bien los cordones que ¡comenzamos! Hay que coger energías para esta primera jornada que va a ser larga e intensa, por lo que buscando recomendaciones cercanas, el lugar idóne para desayunar es el Honey Honey (599 Post St.): una especie de templo de las tortitas, así que la elección es ese plato con plátano y fresa; una propuesta tan rica como contundente (11,95 dólares + suplemento; los precios los voy a poner en la moneda estadounidense, que cuando fui tenía un valor similar al euro).
Con el estómago bien surtido, las 72 horas en San Francisco me llevan caminando (ya empiezan las clásicas subidas y bajadas en cada colina) hasta Lombard Street: una calle que seguro que te es familiar por su inconfundible y sinuoso descenso, unas curvas que atraen continuas visitas y que salieron en la película Vértigo de Alfred Hitchcock.
Lombard Street (San Francisco)

Sigo callejeando por este tranquilo barrio residencial hasta la costa; como es domingo, hay un interesante mercadillo de comida en Fort Mason, con flores, frutas, verduras, platos preparados…

Mucho ambiente en todo este sector, también de gente paseando, corriendo, en bicicleta, de reunión familiar en la playa…. y un objetivo claro a la vista, el Golden Gate Bridge.
¡Guau!, este puente sí que es una referencia visual de toda la vida, e impone una vez lo presencias en directo, con sus grandes dimensiones y su característico color rojo. Presenciarlo y cruzarlo, porque al margen de hacerlo en vehículo, se puede recorrer sus casi 3 kilómetros a pie hasta el barrio de Sausalito. Ésta sí que es una experiencia imprescindible de las 72 horas en San Francisco, y que añade una primera panorámica de la isla-cárcel de Alcatraz.
¿Qué te parece? Yo estoy encantado con lo que veo, y como el tiempo acompaña, la combinación es perfecta. Tanto, que se va echando encima la hora de comer, pero la prioridad es seguir descubriendo rincones.
La acumulación de kilómetros continúa creciendo, ahora en dirección hacia el ‘interior’ de la ciudad. Del distrito de Pacific Heigths hacia Japantown, donde como su nombre indica, hay referencias de todo tipo a este país y su cultura. Uno de sus epicentros es la Peace Pagoda, y en un centro comercial adyacente, merece la pena probar un mochidonut de té matcha (3$).
Y en las inmediaciones de Alamo Square están las famosas Painted Ladies, una sucesión de casas de estilo victoriano que son muy conocidas, entre otros motivos, por la serie de televisión Padres Forzosos (también en la cabecera de la serie atravesaban el Golden Gate, bajaban por Lombard St…).

Son bonitas, sin duda, pero al mismo tiempo te digo que hay muchas otras viviendas igual de llamativas en calles sin tanta repercusión.

Painted Ladies (San Francisco)

De la tradición a la más absoluta modernidad. Qué fuerte ver los primeros taxis sin conductor… Imagina que estás en un paso de peatones y de repente te das cuenta de que el coche parado en el semáforo no tiene a nadie al volante. ¡Impresiona! Eso sí, tiene bastantes cámaras en el exterior para controlar todos sus movimientos.

Ahora sí, toca un descanso y almorzar -aunque sea tarde-. Muy chispeante el Café Internacional (508 Haight St.), donde opté por un Bocadillo estilo cubano (13$) mientras había un concierto de jazz en directo.
Reanudo la marcha hacia otro distrito de reconocimiento internacional, por su activismo y defensa de los derechos LGTBIQ+: te hablo de Castro. Un plató de la película Milk, basada en la vida del político Harvey Milk, y que constituye toda una sucesión de tiendas y bares, sin olvidar su histórico cine-teatro (429 Castro St.).
Castro Theatre (San Francisco)

El primer día de las 72 horas en San Francisco ha sido prolongado y satisfactorio, con lo que toca un regreso por Market Street hasta el lugar de alojamiento (de camino, hice compra en el supermercado para cenar en la habitación). A reposar bien para otra jornada llena de emociones.

Día 2: de la cárcel de Alcatraz al tranvía

Vamos con la segunda jornada, que ya tiene un aliciente reservado de antemano: ir a la isla de Alcatraz (45,25$ vía internet -recomendable que lo cojas con tiempo, ya que se agotan las entradas-). La salida es en barco a las 9:40 desde el Pier 39. Anda, que si vengo haciendo alusiones cinematográficas desde el principio, qué decir de los montajes que ha inspirado la conocida como La Roca.

Una cárcel por la que pasaron delincuentes tan conocidos como Al Capone y que se desactivó como centro penitenciario en los años 60 del pasado siglo.

Alcatraz (San Francisco)
Estuve una hora y media de visita por sus instalaciones, celdas incluidas, con la información adicional de una audioguía; y cuesta imaginar cómo podía haber fugas, por las medidas de seguridad y por la relativa lejanía con la ciudad. Mejor ir temprano, ya que como puedes suponer, acudir a Alcatraz tiene una alta demanda. Como reflexión, no me resultó tan emocionante la visita como por ejemplo la del Golden Gate, aunque es cierto que es una indudable parada histórica en estas 72 horas en San Francisco.
De vuelta al embarcadero, hay alrededor un concurrido sector turístico y comercial llamado Fisherman’s Warf, nada especialmente interesante salvo por ver un buen número de focas y leones marinos que se juntan para descansar. Bueno, y en el terreno gastronómico valió la pena probar el pan de masa madre abierto con chili, carne y queso, en Boudin Bakery Cafe (Pier 39; 12,79$).

Tengo ganas de ver más rincones de la ciudad, y mis pasos me conducen hasta el barrio italiano de North Beach; un paseo de lo más agradable.

Y que cuenta entre sus paradas la conocida librería City Lights (261 Columbus Avenue), vinculada a la literatura ‘beat’ con autores como Allen Ginsberg, William Burroughs y Jack Kerouac; de hecho, Kerouac da nombre a un callejón al lado.
Y a pocos metros espera Chinatown, con una decoración muy temática, y puestos a involucrarse, sigo una recomendación de comprar las tradicionales galletas de la suerte en la Golden Gate Fortune Cookie Factory (56 Ross Alley); un lugar pequeñito, pero donde puedes ver cómo las hacen y hay una amplia variedad.
No podía faltar en las 72 horas en San Francisco una alusión a un edificio emblemático, la Transamerica Pyramid (600 Montgomery St.), que se finalizó en 1972, tiene nada menos que 260 metros de altura y es la segunda construcción más elevada de la ciudad (la ganadora es la Salesforce Tower con 326 metros).
Transamerica Pyramid (San Francisco)

Aludiendo a emblemas, ahora culturales, me dirijo hacia el SF Moma , el Museo de Arte Moderno de San Francisco (151 Third St.).

A la colección de la segunda planta se puede acceder de forma gratuita, que es lo que hice tras una reserva previa en su web, dado que aún estaban preparando como exposición principal una de la japonesa Yayoi Kusama.

Y antes de recuperar fuerzas y cenar en la habitación del hotel, no podía faltar todo un clásico como subirse a un tranvía. Un tranvía de los antiguos que siguen en servicio, con salida en Powell St., y para vivirlo de verdad fui agarrado a una de las barras exteriores. ¡Qué divertido! De nuevo, de película (8$ por trayecto).

Día 3: entre lo latino y lo ‘hippie’

Para iniciar la tercera y última entrega de las 72 horas en San Francisco había que darse un homenaje: desayuno en el San Francisco Proper Hotel (entrada en 45 McAllister St.). Aposté por el ‘The Proper Breakfast’ (27$), que consta de dos huevos, bacon, salchicha, papas y verduras, más dos rebanadas de pan y cuatro salsas. Me gustó, además con una decoración muy ‘cool’.
Toca quemar calorías andando y me detengo en el Ayuntamiento, imponente, de donde justo sale una pareja de recién casados. Alrededor se encuentran la San Francisco Opera y la San Francisco Symphony.
Prosigo el camino por Market St. hasta el barrio latino de Mission y si se baja por Dolores St. se alcanza la considerada como primera edificación de la ciudad: la Misión San Francisco de Asís o Misión Dolores -fundada en 1776 según leí-, en la que como contraste al matrimonio del Ayuntamiento estaban preparando un funeral.
Misión San Francisco de Asís (San Francisco)

La iglesia está rodeada de calles tranquilas y en Clarion St. hay numerosos murales con todo tipo de contenidos, desde políticos a sociales y también abstractos.

Existe más bullicio en otras vías cercanas, sobre todo Mission, con muchos comercios y varios puestos de venta en las aceras.

Uno de los aspectos estimulantes de esta ruta son los contrastes y si se sube hasta Haight St. te metes de lleno en el ambiente más transgresor de Haight-Ashbury, con sus tiendas de lo más disruptivas y variadas. Se nota que fue el embrión de una importante comunidad ‘hippie’.
Al final de Haight se abre el gran corazón verde de la ciudad, con el Golden Gate Park. De entrada, son graciosos los carteles de ‘High Five Zone’ (es decir, ‘Choca los cinco’), para incentivar que la gente se salude; y menos divertidos son otros en los que alertan sobre los coyotes…
Es un espacio enorme con un carrusel muy antiguo (cubierto); sitios para jugar al ‘lawn bowling’ (bolos sobre hierba) y al tenis; un lago con barcas; y posibles visitas de pago a edificios de cultura y botánica como el Conservatory of Flowers, De Young Museum, Japanese Tea Garden

A su vez, muchas personas acuden para correr y montar en bicicleta… y en medio de una de las avenidas interiores, un veterano DJ pinchando música.

Y si te cansas de caminar, dispones gratis de un Shuttle bus (guagua de enlace) que se desplaza por una parte del parque, de forma algo caótica, pero lo dicho, vino bien para dar una tregua a las exigidas piernas.
¿Sabes una cosa? Estoy desconectando ¡un montón! No llevo todavía 72 horas en San Francisco y me parece más tiempo con todo lo que voy visitando. Y hace falta ‘gasolina’ para aguantar al ritmo, con lo que sumo otro almuerzo tardío en The Alembic (1725 Haight St.), justo pegado a una librería muy chula, Booksmith. Comí ‘Flatbread’, que viene a ser un tipo de pizza, con champiñones, queso, hierbas… (15$).

Una vez más, me sorprendo al ver que ya avanza la tarde, y durante el retorno voy descubriendo más fachadas y comercios curiosos en esta zona (como las piernas que salen de una ventana…).

Haight Street (San Francisco)

En un sector más cercano al alojamiento, se ubica la Grace Cathedral (1.100 California St.) y hay algunas galerías de arte la mar de atractivas, caso de la Christopher-Clark Fine Art (377 Geary St.), con artistas de primer nivel.

Qué bien me lo he pasado, ¿y tú? ¿conoces San Francisco o te gustaría?  Tengo mucho para repasar y asimilar de estas fantásticas 72 horas en San Francisco. Y si te gustan este tipo de escapadas ‘express’ a ciudades, en mi web tienes las experiencias que viví en Madrid, Niza o Belfast. See you soon, Des!